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Mi abuela quiere ser mi amiga en Facebook

Tu abuela quiere agregarte a Facebook.

Relean la frase y piénsela por un momento. ¿Cómo se quedarían? Hasta ahora recibías invitaciones de amigos, gente del trabajo, del partidito de fútbol de los domingos y sí, de familiares… ¿pero tu abuela? ¿Qué hace tu abuela en la red social más poderosa del momento? Espera un poco, ¿qué hace tu abuela en Internet? Pues eso me pasó a mí hace unos días.

Retrocedamos un poco. Mi abuela es una encantadora y menudita señora de 70 y pocos  años, de alegres facciones y movimientos sorprendentemente ágiles (sobre todo para dar collejas). Vive sola en un espacioso piso cerca del parque de El Retiro, donde se la puede ver haciendo gimnasia todas las mañanas. Después hace los recados, se prepara su comida y no se pierde su capitulito de Amar en tiempos revueltos. De vez en cuando prepara tuppers para su nieto predilecto (uséase YO) con la vana esperanza de que algún día la acompañe a la parroquia para que pueda presumir del nieto tan alto que tiene con sus amigas. Lo normal en una abuela. Está en esa edad en la que prefiere decir lo que piensa a pensar lo que dice, lo que la convierte en el ser más cariñoso del mundo y a la vez en el más temible, según trasgredas más o menos sus límites morales, a saber:

1. Poner los codos encima de la mesa mientras comes.

2. Beber de una botella a morro.

3. Decir palabrotas.

4. Llevar el pelo largo (o como un sucio hippie, en sus palabras).

5. No contestar a sus e-mails.

Sí, no es broma. Si mi abuela te manda un e-mail más te vale responder con premura. Pero… ¿cómo llegó a dominar el arte del correo electrónico? Todo empezó cuando cumplió los 64 años y decidió que ya era hora de tener un ordenador. Sin que le temblara el pulso, no sólo permitió que un extraño aparato parecido a una tele se instalara en su cuarto de estar, sino que contrató Internet para saber qué era lo que se decían sus hijos en aquel medio tan raro. Su primera cuenta, en hotmail. Su primer nick: abuelita64. Y su primer objetivo: dominar el messenger. Y vaya si lo consiguió. Aún me acuerdo de aquellas mañanas de trabajo en las que de repente saltaba la ventanita del messenger con un mensaje claro y conciso:

¿Qué haces?

¡Y hay de ti si no contestabas! Menos mal que el messenger pasó de moda a favor de otras formas de mensajería instantánea, como el chat de gmail. Sin embargo, eso no la iba a impedir estar a la última. Todavía recuerdo cuando recibía comentarios suyos en mi blog de cine. El único problema es que escribía sus opiniones a mis críticas cinematográficas en los posts de otras películas. Pero bueno, cosas del directo. Navegaba, escribía mails, nos enviaba noticias, fotos, comentaba en blogs. Mi abuela había conquistado la Red. ¿Toda la Red? No, toda no. Aún había una aldea que se resistía al invasor: Facebook.

La llegada de las redes sociales hizo que un montón de información en forma de textos y fotos pasaran entre sus hijos y sus nietos sin su valiosa supervisión. Y sin mayores problemas, el pasado mes decidió abrir su cuenta en Facebook para agregar a toda la familia. Reconozco que mi primera reacción fue no aceptar (hay cosas que prefiero no compartir con mi abuela, sinceramente) pero al cabo de unos días me mandó este mensaje privado por el propio Facebook:

vale, no me quieres admitir, pues eres un roña, ya veremos los tapper

La cosa se ponía seria. Ante semejante amenaza que ponía en peligro todo mi sustento alimenticio, mi fortaleza se resquebrajó como un castillo de naipes. Ahora tengo que tomar una decisión, quizás la más importante en mi vida digital: ¿acepto o no acepto a mi abuela en Facebook? ¿Soléis dejar que vuestra familia vea lo que hacéis en redes sociales? ¡Espero vuestros comentarios!

Por cierto: abuela, TE QUIERO.

  • Pilar Jesus Fernandez Barbera

    Soy la abuela, acéptame ya tio…

  • Vargasjuliska

    Si tu abuela quiere estar en tu facebook es porque quiere estar mas cerca tuyo. El miedo de nosotras abuelas es pasar a ser obsoletos en la vida de los nietos. Es una forma de participar de un pedacito de sus vidas, es un esfuerzo de adaptación a un medio en el cual no nos criamos, y de mantenernos vigentes.

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